jueves, 27 de agosto de 2009

La Guernica de Pablo Picasso


La Güernica de Pablo Picasso.








Este famoso cuadro ha sido considerado como uno de los más emblemáticos cuadros del siglo XX, en virtud de que representa los terribles sufrimientos que la guerra inflige a los seres humanos.

Si bien al parecer el cuadro fue hecho a raíz de los bombardeos que se llevaron a cabo el día 26 de Abril de 1937 en el país Vasco durante la Guerra Civil Española, muchos le resta veracidad a este acontecimiento histórico, pero sin duda fuesntes fehacientes dicen que el 26 de abril se produjo el bombardeo de la histórica villa vasca de Guernica por las aviaciones alemana e italiana, lo que suponía el primer bombardeo indiscriminado de civiles en suelo europeo. La noticia apareció el 28 de abril en L´Humanité, el periódico que Picasso solía leer.

En el cuadro aparecen representados nueve símbolos: seis seres humanos y tres animales (toro, caballo y paloma).
Una anédota interesante sobre el cuadro en cuestión es que se dice que en 1940, con París ocupada por los nazis, un oficial alemán, ante la foto de una reproducción del Guernica, le preguntó a Picasso que si era él el que había hecho eso. El pintor respondió: «No, han sido ustedes».

A mi parecer el cuadro la Guernica, efectivamente refleja mucho sufrimiento, temor, mucha impotencia, todo ello si lo ubicamos en el contexto socio-histórico que vivía Europa en ese momento era comprensible y muy magistralmente plasmado en esa obra de arte que inmortalizó al autor.-

lunes, 17 de agosto de 2009

Artículo "Cuando negociar es sinonimo de claudicar" de Adonay Arrieta Piedra.

Cuando negociar es sinónimo de claudicar PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Adonay Arrieta Piedra (Profesor Derecho UCR)

Bien hace el Presidente Constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, en no aceptar los términos de la denominada “Negociación de San José”.

De lo contrario, estaría incurriendo en la más grotesca traición a su pueblo y a las causas de reivindicación social de Latinoamérica.

Y la razón es muy sencilla, el chantaje, la ignominia, el secuestro, el vasallaje y la fuerza de las bayonetas estarían siendo premiadas y legitimadas sobre la sociedad civil, las reformas sociales e incluso de la propia Constitución Política.

Amén de la frustración que significaría para quienes empezaban a soñar en una Honduras sin asimetrías, de necesidades básicas satisfechas y de igualdad de oportunidades.

De aceptarse los términos de la negociación, los militares habrían logrado un indiscutible éxito y se consolidarían como ejemplos vivos por seguir, como paradigmas del quehacer de su país y del futuro latinoamericano.

En la actual coyuntura hondureña intentar desvincular la paz de las reivindicaciones sociales es tan ingenuo como intentar descifrar la racionalidad militar con la lógica de la sociedad civil. Para quienes verdadera y honestamente esté interesados en comprender el rol que juega ese ejército, lo primero que deben preguntarse es quién y donde lo disciplinaron y adiestran, quien lo avitualla y como se estimula y promueve a sus oficiales, contestado esto, las demás respuestas vendrán por añadidura.

Lo que nunca imaginamos es que este encaste de militares-empresarios se atreviera a actuar con tal desfachatez a estas alturas de la civilización, en una democracia que recién despuntaba y con un Presidente en el Norte filosóficamente humanista y sin cuyo aval ningún golpe de estado tiene posibilidades de resultar exitoso. Es decepcionante que el Presidente Barack Obama, pese al repudio unánime de la comunidad internacional, se haya negado a reconocer que se trató de un “golpe militar”, con lo cual se hubiese visto obligado, de conformidad con la normativa constitucional de ese país, a retirar “ipso facto” toda ayuda económica y militar a los golpistas y por ende a abortar su cometido.

Cuando los latinoamericanos albergábamos la esperanza del advenimiento de una democracia real, de libre albedrío y escogencia de sus gobernantes, de pronto PUM, regresan las bayonetas y nos despiertan abruptamente del soponcio para recordarnos las reglas del juego, para confrontarnos con los verdaderos amos y señores y para advertirnos que cualquier idea de cambio social es un tema más propio de los filmes de ciencia ficción. En otras palabras que al igual que en Macondo el ciclo de dominación nos mantiene condenados a perpetuidad.

Pero también imaginamos la vergüenza que debe haber significado para quienes habían blasonado ante el mundo del cambio de brújula en este lado del planeta. Para los Premios Nobel de la Paz que se ufanaban de haber trasplantado una sucursal del paraíso bíblico a nuestro suelo, así como también para quienes consideraban que la OEA era algo más que un tigre con garras de papel.

Qué ridículo para todos esos blasonadores de los logros democráticos en Centroamérica al quedar desenmascarados por quienes continúan teniendo el sartén por el mango y las bayonetas también. A los militares hondureños y su oligarquía les importa un bledo los Premios Nobel y las OEA, así como que las dos terceras partes de su población vivan en extrema pobreza.

En esa vergonzosa coyuntura es donde surge como pomada canaria la idea de la “Negociación de San José”, como caída del mismito cielo, como un taparrabo para cubrir las partes impúdicamente expuestas, como proclama al mundo de que no hay tal desnudez, que estos golpes son simples deslices, que son eventos superables con voluntad política y con la transigencia de sus actores, todos al final saldrán gananciosos, satisfechos y hermanados. Aceptar dócilmente los términos de la negociación es la clave, redunda en convivencia armónica y la paz vuelve a relucir sobre el horizonte de la patria.

De paso, solo por pura carambola, se habrá logrado la metamorfosis de un Presidente incómodo para convertirlo en un inútil rey noruego, para que cogobierne con un gabinete impoluto y aséptico cual hermanitas de la caridad, en un período de gobierno acortado, incomunicado de las malas juntas y renunciando a cualquier consulta popular amenazante. Por otro lado se exaltaría la transigencia de Micheletti erguido como héroe en el parque de los próceres, se recuperaría el clima de paz y tranquilidad para las trasnacionales y el ejército podría fanfarronear a los cuatro vientos como los huevos sirven para algo más que acompañar un buen desayuno.

En la acera del frente, el tercer pueblo más pobre del hemisferio, observaría impávido y descorazonado la negociación de su dignidad, se limitaría a desmantelar sus ranchos y a reversar los títulos de propiedad de las parcelas recién adquiridas. Despertarían de su fugaz sueño para volver a caer en la pesadilla de su cotidianidad.

Para los interlocutores nombrados por el Departamento de Estado sus buenos oficios serían generosamente recompensados. Costa Rica sería el primer país con un ciudadano investido dos veces con el Premios Nobel, el Secretario General de la OEA habría logrado el tan esperado espaldarazo para postularse como candidato a la presidencia de su país y la propia Secretaria de Estado Hillary Clinton tendría renovadas opciones, incluso para disputar la reelección a un frágil Obama, ya no solo con el apoyo de su Partido Demócrata, sino también con el reconocimiento de la ultraderecha liberal, agradecida por retornar del clima de confianza para sus inversionistas.

Ante ese panorama, el restablecimiento de la legalidad en Honduras requiere de una fórmula creativa y constitucionalmente factible. El Presidente Manuel Zelaya, cuya legitimidad permanece incólume puede reorganizar su gabinete y gobernar en el exilio utilizando como sede cualquiera de sus embajadas.

Tiene la absoluta potestad para rehabilitar la titularidad de su investidura y ejercer “motu proprio” las atribuciones que le confiere el artículo 245 de su Carta Magna, entre otras, las que establecen los incisos 11. Emitir acuerdos y decretos y expedir reglamentos y resoluciones conforme a la ley; 12. Dirigir la política y las relaciones internacionales; 13. Celebrar tratados y convenios…14. Nombrar los jefes de misión diplomática y consular de conformidad con la ley del Servicio Exterior… 15. Recibir a los jefes de misiones diplomáticas extranjeras, a los representantes de organizaciones internacionales…24. Indultar y conmutar las penas conforme a la ley; 25. Conferir condecoraciones conforme a la ley; 41. Velar por la armonía entre el capital y el trabajo; 42. Revisar y fijar el salario mínimo de conformidad con la Ley.

De esta forma no solo estaría evitando caer en la indignidad, sino también que sus seguidores se inmolen inútilmente ante la barbarie militar que le adversa. Igualmente estaría acreditando ante el mundo de la fragilidad de foros internacionales como el OEA, desacreditaría la hipócrita política exterior de los EE.UU. y dejaría que la llaga enconada y sangrante de las repúblicas bananeras continúe exhibiéndose ante el mundo. A la postre la vergüenza redundará en mayores beneficios que en un pusilánime autoengaño.

Lo que significa la Universidad

A propósito del curso de Sistemas de Investigación y razonamiento jurídico, impartida por el profesor Adonay Arrieta, se nos asignó referirnos brevemente a la institución de la Universidad a raíz de la falta de conciencia que existe hoy día de la gran misión que cumple en América Latina y el mundo y en aras de que sea el punto de partida y despierte nuestro interés para la investigación que llevaremos a cabo durante el curso.
La Universidad, según sostiene el autor Arturo Jofré, en su obra la Universidad en América Latina, tiene tres factores que perfilan históricamente y que la distinguen y estos son la índole de su misión, la libertad de su accionar y su finalidad de servicio público, estos 3 elementos se conjugan para originar esta tipología especial.
Acota este autor que Aníbal Bascuñan dice que la universidad es la institucionalización de la voluntad y el apetito de saber en corporación y según Ortega y Gasset en la universidad el "saber" se constituye en Poder Social.
Asimismo Ortega y Gasset, afirma que la misión básica de la universidad se expresa en la enseñanza de las profesiones, la conservación y transmisión de la cultura y la ampliación y renovación del conocimiento.
El autor en cuestión señala otro aspecto muy importante que es necesario en las Universidades que nos es más que la libertad la cual según el autor es el ambiente irrenunciable que requiere la universidad para cumplir con su misión de búsqueda y trasmisión de la verdad. La carencia de libertad sostiene, anula la esencia misma de la universidad. La libertad no solo se le puede cercenar por fuerzas externas, como por ejemplo, la dependencia del Gobierno en cuanto a la nominación de las autoridades superiores o a través de otro tipo de ligamentos, sino también puede tomar la forma de una auto-limitación. Como ejemplo de esto último continúa el autor, podemos citar el caso en que la Universidad acepta recursos condicionados, expresa o implícitamente para poder subsistir o desarrollarse, limitando su posibilidad de expresarse libremente. Sin embargo, asimismo la universidad también autolimita peligrosamente su libertad cuando en ella no se defienden con fuerza principios básicos como la tolerancia, la igualdad en contraposición a la discriminación, o la democracia frente al totalitarismo.
En cuanto al servicio público establece, que la universidad adquiere verdadero sentido para una sociedad cuando se orientan prioritariamente hacia el beneficio de la sociedad como un todo.
Por otro lado es sumamente importante en el buen funcionamiento de la Universidad, como institución cultivadora del saber en su más alto nivel, la importancia del académico, en donde la calidad de estos profesionales es inherente a la misión misma de esta, por lo que no podría concebirse que esta estuviera integrada por personal mediocre.
Por ultimo aduce el autor citado que el futuro de la universidad continuará dependiendo como históricamente ha ocurrido, de una doble capacidad: la de lograr un buen grado de diferenciación con otro tipo de instituciones y la de impactar de manera significativa y positiva en la sociedad.
Lamentablemente hoy día la formación de profesionales, reconocida como una de las funciones básicas de la universidad se le ha escapado de una manera muy sutil. En efecto, una organización de tipología esencialmente distinta de la universidad- pero que se ha hecho llamar universidad, he ahi la sutileza-, se ha dedicado a formar profesionales. Es lo que conocemos como universidad-empresa, es decir, una empresa que vende servicios, sin diferenciarse de una empresa comercial y que en América Latina este tipo de empresas han emerido por centenares.
En mi criterio considero fundamental la función que esta institución lleva a cabo, ya que conlleva a que la sociedad se eduque no sólo con el fin de especializarse en determinado campo científico, sino también porque incide en la formación humanista que independiente de cada profesión nos hace mejores personas en la sociedad.